COLOMBIA ANALIZA MAYO 11 2021

Colombia Analiza es una sección exclusiva de las noticias más relevantes de Colombia, en las que los jóvenes discuten noticias de actualidad del país. Esta sección se da en alianza entre el programa de Los Buenos Somos Más y Sebastián Narváez Medina.

En este programa del 11 de mayo de 2021 se trataron temas como el asesinato de Lucas Villa, la nueva política de educación gratuita del gobierno de Iván Duque, el retiro de la minga indígena de Cali y otros temás de actualiad.

No se lo pierdan!

Reflexiones de un paro

Autor: Sebastián Narváez MEDINA

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente del autor y pueden haber sido publicadas en otros medios de comunicación.

El paro nacional en Colombia ha demostrado ser una invitación al terrorismo y la fantochería de corrientes políticas oscuras que buscan penetrar el poder. Las imágenes que presenciamos las juventudes, y que se hicieron virales por los medios de comunicación, nos han dejado perplejos ante la falta de voluntad y entereza de quienes deberían educarnos con el ejemplo. Responsables son no sólo quienes mancharon la supuesta indignación justificada, sino también los líderes que han incitado al caos como Gustavo Petro en cabeza del Pacto Histórico. Una coalición que hoy a demostrado no tener corazón.

Desde las mismas juventudes que hoy se expresan, a pesar del trauma de la violencia, entendemos las diferentes realidades que viven las familias por falta de empleo, oportunidades y la falta de Dios. La gran mayoría de jóvenes han sido, desde una temprana edad, víctimas infortunadas de esas realidades. Pero hoy nos hemos dividido radicalmente entre quienes creen poder justificar su vandalismo con su realidad socioeconómica, y quienes entendemos que forjar una clase media solo se logra tejiendo una economía capitalista y a pulso. El trabajar del día a día con el sudor de la frente dignificará siempre los principios de libertad y propiedad. Y quien los viole, naturalmente debe ser sentenciado por el Estado que han construido y no destruido las personas de bien.

Se puede estar a favor o en contra de la reforma tributaria. Estar en contra del paro nunca será indicativo de una postura frente a las decisiones del gobierno. Somos muchos quienes no salimos a vandalizar, pero desde casa hemos acompañado la decisión presidencial de retirar la reforma de la mesa para conciliar. Aún después de las decisiones tomadas apoyamos la necesidad de recaudar fondos para los más marginados de nuestra sociedad, a causa de la difícil situación que enfrentan aquellos que hoy la izquierda ha utilizado como caballitos de batalla.

Los restantes han optado por justificar la intervención del Estado con la fuerza legítima del ESMAD y otros cuerpos de fuerza pública. No podemos amarrar de manos a los héroes que intervienen cuando el socialismo nos quiere arrebatar derechos naturales del hombre.

Con la intelectualidad que nos caracteriza como jóvenes sabemos que este trago amargo pasará, y el momento de conciliación sobre los destinos de la riqueza será próspero. Lo que no lograremos sanar serán las secuelas de los gritos y los heridos que nos deja una vez más el terrorismo. No sanaremos la informalidad que hoy volverá a su casa con hambre, ni el dolor de los empresarios que se esfuerzan por promover un trabajo estable y digno para los colombianos. Un país ya a medio andar por razones ajenas a su voluntad, y por un discurso altruista y falaz se ha paralizado

Al anochecer, cavilando en lo que experimentamos como paro, hemos desnudado problemas más grandes y de antaño, que inocentemente creímos haber superado. Nos dimos cuenta de que las guerrillas están ahora más presentes en las calles que en la selva, y confirmamos una vez más la mentirosa paz.

Descubrimos las intenciones del socialismo que quiere paralizar los supermercados, las entidades bancarias y la inversión extranjera, pero apoya el saqueo de estos y la difusión de miedo. Explayamos el adoctrinamiento sistemático en los establecimientos educativos a favor del comunismo. Colombia peligra en víspera electoral, y ojalá recordemos este momento de caos político que ha generado la llamada Colombia Humana.

Así se vería un gobierno de izquierda. Si ustedes lo vieron con sus ojos hoy, y no sienten la indignación de miles de jóvenes, tienen huevo.

Colombia: casada con el glifosato por necesidad

Autor: Sebastián Narváez MEDINA

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente del autor y pueden haber sido publicadas en otros medios de comunicación.

La historia del glifosato es la misma historia de cómo las narcoguerrillas han acabado no solo con las poblaciones mas vulnerables de Colombia, sino también con el medio ambiente. Los cultivos ilegales de amapola son responsables del 24% de la deforestación del país, pero para sorpresa de muchos la culpa la sigue teniendo el gobierno y su herbicida. Eso dicen.

En días recientes el gobierno de Iván Duque reinstauró la política de combate a los cultivos de coca y la polémica no se hizo esperar. La aspersión con glifosato es el método que está numéricamente comprobado como eficaz para la erradicación de estos cultivos.

Los tres pilares que lo hacen tan competitivo para países inundados de droga son el costo, la eficiencia y la seguridad. Sin embargo, otros optan por seguir defendiendo a las narcoguerrillas y al globalismo, bajo la precaria excusa de que mata y contamina. Como si la droga que circula por las principales avenidas del mundo no matara ni contaminara.

Ambientalistas y amigos de lo verde, en su mayoría, son quienes protestan en contra de la erradicación a través de este método. Aunque jamás se les ve protestando por las exorbitantes cantidades de cocaína que salen de Colombia, ni por las aberrantes amenazas que los grupos al margen de la ley significan para la nación, financiadas por el tráfico de esta sustancia.

Entre 2013 y 2019 los cultivos ilícitos crecieron en más de 100.000 por hectárea. Aún así los ambientalistas y la oposición siguen firmes en argumentar que el problema es el glifosato. Algunos estudios no concluyentes afirman que esta sustancia es levemente cancerígena y que trae efectos secundarios nefastos para los seres humanos.

Al igual que la cocaína, que sí tiene estudios concluyentes sobre sus efectos. Es cierto que tanto la EPA como la OMS han alertado que el producto tiene una leve toxicidad, sin embargo, está a la par en la clasificación con otros productos de uso cotidiano de las personas que también son levemente cancerígenos, como la carne roja.

Mientras quienes no viven el conflicto en carne y hueso vaticinan sobre la polémica del momento, algunos de los campesinos y ciudadanos de zonas rurales piden que se le de luz verde a esta medida. No aguantan un día más la inseguridad y el conflicto que los grupos al margen de la ley han generado alrededor de estos cultivos.

No toleran las amenazas que los integrantes de la fuerza pública reciben por parte de los indígenas, infiltrados por estas guerrillas comunistas para hacer de las suyas. En lo que va corrido del 2021 en Colombia han asesinado a 52 líderes sociales, y el 76% de estos asesinatos se han dado en lugares en los que se disputan los territorios ya sea por la siembra de coca o amapola, o por las rutas geográficas que surten al mundo de este producto.

De igual manera cifras históricas, especialmente del gobierno de Álvaro Uribe, logran demostrar que donde se erradica se aumenta la presencia militar, y asimismo descienden los índices de inseguridad y homicidios.

En términos del costo operativo y estatal para la aspersión con glifosato, a las guerrillas les conviene utilizar a los ambientalistas para disminuir la rapidez del proceso e incrementarlo a tal costo que genere indignación. Datos del gobierno demuestran que la erradicación manual y otro tipo de procedimientos alternativos pueden ser hasta 2,65 veces más costosos que la aspersión con glifosato.

En algún momento durante el gobierno Santos se intentó implementar la erradicación con máquinas oruga, pretendiendo igualar los tiempos y el número de hectáreas de la aspersión aérea. Sin vergüenza alguna los forajidos no lo permitieron, e incrementaron sus cultivos en las zonas de ladera, haciendo aún más indispensable el uso de aeronaves para esta práctica.

En los años 2006 y 2007, durante el gobierno Uribe, Juan Manuel Santos ejercía como Ministro de Defensa de la nación. Nunca Colombia había visto unos números tan contundentes en la aspersión y erradicación, casi 200.000 hectáreas hechas trizas en un año. La efectividad era tan alta y el costo tan bajo, que años más tarde cuando se convirtió en el gran amigo de las FARC, tuvo que desistir y condenar públicamente esta práctica como parte del aparatoso espectáculo que se vivió durante su mandato.

Puestas las cartas sobre la mesa, y en medio de las calientes tensiones que la élite protagoniza por la aspersión aérea, lo más rescatable es no olvidar que en Colombia el negocio es la cocaína y no el glifosato.

Con ambientalismos y altruismos quieren disfrazar la erradicación segura, efectiva y a bajo costo de enemiga del pueblo y aumentar la capacidad de impacto de una de las drogas más disruptivas que existen. El gobierno de Iván Duque se ha caracterizado por su tibieza a la hora de hacer políticas públicas para sus constituyentes.

En pocas palabras ha sido un fracaso. Pero si hay algo que podemos resaltar de los últimos meses de gestión que le queden a este cuartel, es que restituyó una de las herramientas letales para acabar con el financiamiento de los delincuentes, focalizando de nuevo la atención en el verdadero negocio del socialismo del siglo XXI. La droga.  

Malaventura

Autor: Sebastián Narváez

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente del autor y pueden haber sido publicadas en otros medios de comunicación.

Buenaventura, hoy asfixiada entre desesperantes clamores de auxilio y un raudal de lagrimas de sangre. Anegada de las peores pestilencias tatuadas en la bandera de Colombia, el narcotráfico y la corrupción. Incendiarios de lo ajeno catalizan el conflicto con politiquería de quinta, y apuntan con ardientes trinos, sin comprender que, cualquier casta de poder esta manchada con la indolencia que heredamos por siglos, contra una tierra que nos ha dado una identidad cómo país

Mientras la imprenta de dinero y una paz a medias sean los peones para enfrentar la pobreza y el desamparo social extremo, seguirán en sucesión todos los conflictos que han convertido al Pacífico en una temerosa carnicería. Una insólita mezcla de falta de autoridad institucional, putrefacción de consciencias y fertilidad geográfica han llevado al caos absoluto de quienes no lo merecen. Índices de desempleo que parecen rascacielos, miseria, hambruna, y bala se viven en tierra de nadie. A falta de maleantes apátridas que tienen la victoria del pavor, mafiosos extranjeros influyen en las corrientes que arrastran a un pueblo a su desgracia.

La actual situación de uno de los puertos más influyentes del continente podría describirse cómo una anarquía de grandes influencias y oscuras potestades. De lo contrario, no se podría explicar que grandes y foráneas sociedades hayan traído sus patrimonios a una tierra tan fértil, y la historia condene a sus gentes a un desenlace arcaico. Ante dicho pronóstico, no vemos más remedio que demandar la fuerza de coerción en su máxima expresión. Las armas, esas mismas que nos han concedido la independencia, sean hoy las que fusilen las cadenas de la mafia y hagan desvanecer de este orbe a los caciques del terror.

En términos de costura política, más seguridad democrática y menos mesas de dialogo con los cacos de la selva. Aunque, reflexionando sobre la honradez de la consciencia, los cacos de cuello blanco también deberían ser fusilados de sus despachos y arrodillados en plenaria para que confiesen su alma de forajidos. Y para quienes sufren de escándalo compulsivo por quienes apoyamos el uso de la fuerza letal, que los indígenas, mestizos y negros sean la vacuna; aquellos que mueren de hambre a costas de Ferraris arancelarios y sumergibles cargados de cocaína.

Después de una máxima sentencia a su agonizante humanidad, Buenaventura despierta una vez más y se toma las vías de hecho para exhortar un pacto digno de cualquier humanidad. Desmadrados quienes se ofuscan por una reacción pura y natural del hombre; héroe, quien sale de su gruta extenuando con sus marcas de leontinas, y se despoja de su miseria.

Abúlicos aquellos periodistas que entre nota y entrevista reclamaban que, las protestas en el puerto afectarían a cincuenta millones de colombianos y un repertorio de multinacionales, maquinas de dinero. Profesionales que saben más de números que de hambre. Indiferencia, es lo que hemos adoptado del periodismo llamado crítico y acostumbrado a tantas cifras, denuncias y ruinas. Ese mismo periodismo que no se escandaliza cuando vándalos camuflados de progresistas se toman las calles financieras de la capital para impulsar el deterioro de la especie.

La tierra más fértil es negra, asimismo esta raza, la más poderosa y pura en la existencia de los semejantes. La que mas tolera, agoniza, es azotada, ultrajada, robada, y sigue de pie y a la espera de alguna suerte que advierta una luz al final del túnel. Harán falta no solo las armas, sino un ejército de procuradores y contralores que intervengan las instituciones públicas de la ciudad, y la región pacífica en general. Harán falta mazmorras que acojan al puñado de adefesios que han saqueado a nuestra gente y sus esperanzas e ilusiones de no ver a su pueblo como un comodín del comercio.

nacional. Haremos falta nosotros, humildes y sencillos escritores, comunicadores, politólogos, y medios independientes, quienes damos la batalla empujando los vagones de la igualdad social para comunidades que han sido despojadas de sus derechos y degolladas de su voz. Acabemos con esta maldición. Señor flamante Ministro de Defensa Diego Molano, bienvenido a esta coincidencia, su hora de brillar.

Adiós distinguido caballero

Autor: Sebastián Narváez

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente del autor

Carlos Holmes Trujillo García, un gubernativo digno de una patria llamada Colombia, país al cual sirvió en la esfera pública desde 1976. En los libros de historia se ha escrito el fin de este abogado e internacionalista, quien, mientras militaba como Ministro de Defensa, fue sujeto de su destierro. Una repentina ausencia, que nos ha dejado patidifusos a quienes contemplábamos el esplendor de un político de antaño. Colombia ha perdido a uno de sus más venerables conserjes, y la academia a un erudito preceptor del derecho constitucional, la diplomacia internacional y la sana competencia ministerial.

Que no parezcan desmesurados tantos elogios para aquel distinguido caballero, que a sus 25 años ya había sido designado cónsul de Colombia en Japón. País en el que mientras ejercía sus labores diplomáticas, se instruía en materia de negocios internacionales. A pesar de su linaje liberal, era precursor de la hidalguía política, por tal era considerado para los cargos más controversiales del estado. En 1983, tras su retorno del país asiático, Trujillo sirvió como secretario financiero del alcalde de Santiago de Cali, el conservador Julio Riascos. Épocas de un liberal a disposición de un conservador, un hito del que solo alguien como Holmes podía ser participe. Tres años mas tarde se convirtió en el primer mandatario de los caleños, y así este vallecaucano se abría paso por los grandes escenarios de cabildeo de la nación.

Los ministerios de educación, relaciones exteriores, defensa y múltiples embajadas fueron anfitriones de este gran señor, que cumplió a cabalidad todas sus funciones por la patria, digno así de cinco gobiernos presidenciales de diferente casta política. Holmes siempre fue el ministro más importante del gobierno Duque. Apagaba incendios donde escaseaba el agua, y era un clave comodín del Centro Democrático en la Casa de Nariño; casi como un presidente más tras bambalinas, garantizando las políticas de seguridad democrática de su patriarca. Durante los debates de control gozaba de una intachable elocuencia, y era catedrático frente a las cámaras y a sus colegas. Padre de una gran ralea, hasta sus mas íntimos contradictores lo hallaban imprescindible en sus administraciones. Recio y determinado, para muchos era la faz de los próximos cuatro años de gobierno y la esperanza de los zagales conservadores.

Pero la muerte es indomable, y no existen honor ni gloria que hagan inmortal de carne a un personaje de tal carácter. El recorrido se consume, e inmortales son el honor y servicio al que Carlos Holmes Trujillo García dedicó tantas primaveras de vigor. Antes de partir, el saliente ministro apoltronó una fascinante imagen de Colombia ante el mundo y restauró gran parte de la defensa estatal contra el crimen en las zonas más apartadas de su territorio nacional. Rehuyendo lo anterior, quedan las remembranzas, pero más que nada la reflexión. La inconsciencia colectiva acaba hasta con el más prominente de los dignatarios. Adiós distinguido caballero.