El feminismo ha vendido su alma al Estado

Autor: Sebastián Narváez MEDINA

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente del autor y pueden haber sido publicadas en otros medios de comunicación.

La lucha feminista en la Argentina ha dejado su primera víctima nacida tras la legalización de la interrupción del embarazo. Una joven que a sus tempranos 23 años fue asesinada por un Estado que no pudo garantizarle la vida, y que se la quitó con balas de populismo libertino.

Es improbable no sentir la impotencia de unos ojos cristalinos lavados por una mente que absorbió los tentáculos de una agenda globalista. La muerte de María del Valle González López estaba advertida por quienes le exigimos a los gobiernos que no utilicen la fragilidad de una mente débil para movilizar a las masas hacia el desprecio de la raza humana.

La vida es sagrada y su alma lo seguirá siendo, así para las olas de sangre verde que gritaban junto a ella sólo sea alguien que ayer estaba y hoy ya no. Un asesinato tan aberrante como anunciado debería darle cárcel a quienes lo patrocinan. No precisamente a los constituyentes quienes son obligados financiarlo, pero sí a quienes hoy han dispuesto de estos recursos y con la excusa de la libertad de la patria cometen un genocidio.



Dentro de lo que ya muchos sospechábamos sobresale que ellas, sus amigas, sus comadres de batalla, con las que marchaba dando una mentirosa lucha por los derechos de un cuerpo ultrajado, hoy callan en un perpetuo silencio sobre su muerte. Como forajidas han vendido su alma al mejor postor, el Estado, que las usa como fortín de sus oscuras intenciones.

Nosotros, de este lado, no entendemos aún las diferencias entre lo que le ha ocurrido a su compañera a manos del gobierno y lo que también le pudo haber ocurrido a manos de un feminicida. Lo que muchos dolientes de ablepsia no advierten es que en este caso el feminicida es el mismo sistema que ellos tanto defienden.

De manera que, aún no nos explicamos como no han inundado las calles para exigirle al Estado feminicida justicia por haber llevado a María al destierro. Ese mismo silencio que hoy se escucha en las calles de la Argentina anuncia que una más una menos, siempre les ha dado igual.

Alberto Fernández, presidente de la nación, prometió hace unos meses que su política abortista de salud pública estaría a la vanguardia en seguridad, costo y beneficio. Ahora entendemos que estas eran palabras vacías que solo pronunciaba para permitirse elevar sus brazos al cielo y que el pueblo comprado cantara su nombre.

Si no se le puede llamar seguridad a el infortunio de que el Estado no garantice el derecho de una vida por nacer, menos a que el mismo no pueda garantizar una que ya nació y que no merecía partir así. No se puede pregonar que tal política otorgaba la gratuidad absoluta a las mujeres que deseaban zafarse de su carácter maternal y a sus cónyuges, cuando de repente 50 millones de gauchos sin saber auspician con sus contribuciones dichas muertes.

No existe un beneficio y menos igualitario, cuando la ley promueve una superioridad de decisión del vientre de la mujer sobre el esperma del hombre. Y el estigma de que sólo ella pueda decidir sobre un ánima que sólo se pertenece a sí misma.

Aberrantes también los que se hacen llamar provida, los de nuestro bando, que en redes sociales festejaban la muerte de María, haciendo parecer que su trágico final en un frigorífico de alquiler fuera motivo de festejo. Ellos también olvidaron el eje fundamental de su prédica libertaria, la vida, y de ser así en nada se diferencian del gobierno asesino y malhechor.

La incoherencia hecha verbo se explaya cuando furibundos, repudiaban la interrupción del embarazo, pero a una sola voz sentenciaban como necesaria la interrupción de la vida de una joven, desequilibrada, cuyo cerebro fue lavado por corrientes sin fundamento. Si el radicalismo sirve de algo, que sea para vencer los juicios de nuestras ideas, y defender la vida también de quienes no siempre concordaron con nuestra opinión, al menos como un acto de lealtad con nosotros mismos.

La prensa anunció la noticia y la Casa Rosada mueve cielo y tierra para quitar de cada rincón de la tierra aquella portada que registra una cálida sonrisa. La mentira se ha dado a conocer por su propio peso, y la caída del telón anuncia también el despertar de muchos, algunos de ellos indecisos, y otros muchos convertidos de la perdición.

Ahora en el cielo María nos pertenece, y entiende de que se trata esta lucha por la verdad y la vida. Altas sumas de dinero que transitan por el Estado han contemplado cómo despojarse de la inocencia de un ser, pero no contemplaron nunca los recursos suficientes para indemnizar los ríos de sangre que esta causa va a derramar. Así se da la lucha del presente siglo, minando las instituciones de artillería sucia y podría, para acabar legalmente con nuestra vida. Argentina nunca olvida.

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